Creaciones literarias

En esta sección encontrarás los cuentos que han creado niñas y niños de las diversas comunidades por las que ha pasado pedaleando un cuento.


Fruto

El maqui / Ignacia Morgan de la Casa, 13 años. Campamento en Pucón

La escritura me apasiona desde los detalles más finos y delicados 

 

Prólogo

Yo soy Regina, soy una mujer con grandes ideales, necesito palabras para poder expresar lo que fluye como un río dentro de mí, suelo ahogarme en los libros y en la jungla de palabras que forman las páginas de una buena novela romántica. 

 

El Maqui

Mi vida es tranquila…mentira no lo es, pero lo era, monótona y aburrida, muy aburrida. Vivía en una ciudad muy ruidosa y alborotada, trabajaba en una biblioteca llamada “mar de pensamientos”; hasta ahora, suena entretenida y pacífica, pero yo quería más, yo quería una aventura como los personajes de mis libros así que viajé a un lugar remoto, lejos de las miradas críticas de la alta sociedad y al verme caminar como un espíritu libre, con mi pelo ruliento y negro como azabache, muy corto y tan solo con una larga trenza colorida llena de mostacillas de diversas formas y colores. Uso unos lentes redondos como los de Harry Potter y acostumbro a usar ropa suelta y cómoda que me permita correr, saltar y hacer lo que me dé la gana. Pero paremos de hablar de mí. Pues he aquí comenzó mi aventura, cuando iba caminando por el bosque… 

- ¡maldito bosque! – murmuré enojada al tropezar por enésima vez con la raíz de un enorme árbol – no sé pa’ qué vine, este bosque me quiere matar. 

Caminé en bajada por un cerrito lleno de árboles hasta que vi uno que me llamó la atención en especial, era un árbol joven, de bellas hojas verdes, que con los deliciosos rayitos de sol que asomaban tras los espesos follajes de los ancianos y milenarios robles; se veían brillantes, era un maqui, con sus pequeños frutitos negros. 

Caminé hacia él, más animada, estaba fascinada con la belleza y delicadeza de aquel pequeño maqui; no vi la pequeña pero traicionera raíz que a mis pies se extendía. Tropecé y me fui de cara a besar el suelo.

Ahora no solo estaba enojada y sumamente adolorida, sino que también estaba segura que aquel bosque me odiaba desde sus retorcidas entrañas. Me levanté a duras penas y me saqué de encima las hojas secas que como malditos chicles se adhirieron a mi ropa. 

Con el ceño fruncido y de mal genio, mi mirada se detuvo en los deliciosos frutos negros, que como gotitas de agua colgaban de las ramas del joven maqui, mi mano instintivamente se alargó hacia el fruto más gordo y jugoso. Apenas mis labios tocaron el amargor de la semilla del maqui, sentí un fuerte apretón en la muñeca y un gran tirón. Al dirigir la mirada hacia mi muñeca, descubrí que el joven e indefenso maqui me había agarrado con una fuerza sobrenatural y tiraba con fiereza hacia sí. 

Me resistí, pero sin éxito, chillé con todas mis fuerzas, pero nadie vino a mi rescate. Cerré los ojos con fuerza, sentí que el árbol me soltaba, pero cuando abrí los ojos, no estaba en el mismo lugar que antes. Tampoco tenía la misma ropa y mi pelo era más largo ¡qué horror!

De repente escuché un grito de advertencia, me giré para ver qué pasaba, pero era demasiado tarde, la carrosa me atropelló en medio de la calle empedrada de la época medieval. 

 

 

inspirada en naturaleza

El mundo y sus tiempos/ Emilia Meschi, 12 años. Pucón

En este mundo, el suelo es viscoso, blanco y sin temperatura. Hay un enredo entre el pasado, el futuro y el presente. Ya entenderán a qué me refiero. 

Lena es una mujer normal, o más o menos, porque su esposo murió cuando Lena recién había dado a luz a su 2da hija. Ella vive en una casa con sus pequeñas de 8 y 4 años. Al caminar, su cabello castaño y ondulado revoloteaba sobre sus hombros y su estilo hippie destacaba sobre la multitud.

Un día cualquiera, Lena jugaba ajedrez con sus hijas cuando se cortó la luz. Lena se levantó, fue a encender una vela, tenía el fosforo en la mano cuando le dio un dolor de cabeza horrible, se desplomó en el suelo, el fosforo con el impulso, cayó en un extremo de la cortina más cercana. Ésta se incendió y con ella, toda la casa. Lena, desesperada trató levantarse, una nube de humo se abalanzó sobre ella y lo último que vio fue su vida cayéndose a pedazos. 

Despertó, pero su vista no respondía, había oscuridad, sabía que estaba en el hospital. Sintió una mano tocándole el rostro y la reconoció. Era la de su pequeña hijita. Le habló, pero ella no respondió. Llamó a su hija mayor, pero no tuvo respuesta. Entro una enfermera y Lena lo supo. Ella había perdido la vista y sus hijas se habían quedado mudas. 

Una semana después, fueron a un departamento, mientras su casa estaba en arreglo. Dos maestros les enseñaron a vivir la vida cotidiana, cada una con su incapacidad. Volvieron a su hogar, esta vez sin maestros. El mayor deseo de Lena era echar el tiempo atrás. Lo raro era que en este mundo sí se podía hacer eso, pero era muy difícil. Solo con el deseo más fuerte se podría realizar este acto y cambiar el pasado. Sus hijas se sentaron en el sofá de lo sucedido y Lena se arrodilló con un fósforo en la mano frente a la mesa con la vela. Se concentró y se introdujo en el recuerdo de ese día. Sintió la voz de su hija mayor, escuchó el fosforo prenderse e intentó apagarlo para borrar el hecho. No le funcionó. Escuchó su cuerpo caer al suelo, escuchó gritos y el recuerdo se cerró. 

Desesperada, obligó a sus hijas a repetir este suceso cada día, pero no funcionaba, siempre se repetía todo nuevamente. Y Lena no lograba cambiarlo. 

Un día, la hija mayor se le ocurrió algo, tenía que comunicarse sin palabras con su madre del pasado. Se concentró en el recuerdo y con toda su fuerza interior, se dirigió al estante, colocó en su corazón la intención de botar un libro y en ese instante, su madre del pasado se levantó y en vez de ir a encender la vela, fue a recoger el libro. En ese segundo, Lena y sus pequeñas, se encontraron en el sofá jugando ajedrez. Para su sorpresa, Lena podía ver y sus dos hijas hablar. Felices de la vida, vivieron tal como querían.

Pero un día, a Lena le dieron ganas de saber qué hubiera pasado si ella aún fuera ciega y sus hijas mudas. Buscó esa imagen y la encontró, para su sorpresa, se había casado, había tenido un hijo y era feliz.

Quería volver a eso, pero si lo hacía, perjudicaría a sus hijas, pues ellas serían mudas. 

 

Mi puesto en la estancia/ Simón Arias, 13 años

Hola mi nombre es Sergio, tengo 13 años yo vivo en una estancia que se llama Cameron, ahí hay un puesto llamado Miraflores donde está mi casa. Una estancia es un lugar muy grande en el cual se crían muchos animales, el puesto en el que vivo con mi papá y mi mamá es pequeño aunque acogedor. Mi papá todos los días se levanta temprano porque tiene que cuidar a las ovejas y llevarlas a otros campos, un puestero se encarga de todo eso y siempre tiene que salir a recorrer los campos. Cuando a mi papá le toca traer ovejas o vacas para marcarlas yo le ayudo y a mi mamá la ayudo lavando la loza o haciendo fuego además de entrar leña. En la estancia hay muchos animales, entre ellos ovejas, vacas, caballos, perros, chanchos, guanacos y otros más. Cuando me aburro salgo a andar a caballo o a pintar con calafate, muchas veces cuando llegaba de pintar con calafate a mi casa me retaban y me mandaban a lavarme la cara al río y como era verano aprovechaba de nadar y jugar hasta tarde. En los meses helados jugaba con la nieve y pasaba horas afuera. Lo que me gusta de la vida en el puesto es que uno puede estar en paz sin escuchar autos, pero lo que no me gusta es que estás muy solo y no conoces a mucha gente. Bueno ya te conté de como vivía en un puesto, espero te guste. Adiós. 

puesto en estancia Cameron
 

selknam

Kre, una niña Selknam/ Valentina Ojeda, 11 años. Cameron

Hola yo me llamo Kre` que en lenguaje Selk`nam significa Luna, aquí donde yo vivo sería raro para cualquiera, porque vivo en una isla. En el día con mis amigos salimos a recoger mariscos y los hombres salen a cazar guanacos. Con la piel de guanacos cubrimos nuestras chozas y nos hacemos abrigos, es muy divertido jugar con mis amigos. Yo en mi tribu le ayudo a mi mamá a cuidar a mis hermanos. Una vez al año hacemos un ritual que es para agradecerle a nuestros dioses por todo lo que nos han dado. Y con un fruto pequeño y morado los hombres se pintan el cuerpo para que los Dioses nos den abundancia de alimentos. Mi casa es como una ruma llena de palos gigantes, lleno de pieles de animales. El rito más importante es el Hain, donde los niños pasan a ser hombres, por eso después para celebrar se les hace una ceremonia donde les entregan sus primeros arcos y comen una rica carne de guanaco. Mi mamá lleva a mi tschi năohermana menor en legua Selk`nam, a cazar en su espalda, yo no sé cómo no le pesa. Bueno esa es mi vida de niña Selk`nam.

 

¿por qué el piche tiene caparazón? / Benjamín Oyarzun, 12 años. Villa Tehuelches

Había una vez un animal muy gordito, de cola larga y hocico largo. A este animalito le encantaba hacer hoyitos en la tierra y comer tallos de las plantas. Siempre jugaba con otros animales como los chingues y liebres, ellos jugaban a hacer hoyos en la tierra y el que llegaba más abajo, ganaba. Un día, mientras los animales jugaban, se dieron cuenta que un zorro se acercaban así que el chingue, la libre y el piche cavaron agujeros. El piche asustado, cavó y cavó hasta llegar muy profundo y no se dio cuenta que la lava lo estaba cubriendo. Al darse cuenta, el animal cavó muy rápido hacia delante y la tierra hizo que la lava se secara e incrustara en su cuerpo. Al salir de la tierra, el piche tenía un caparazón que le cubría la espalda y la cabeza, los demás animales se sorprendieron mucho y trataron de cavar hasta donde había llegado el piche, pero no pudieron porque se cansaron rápido. Al siguiente día, la liebre y el chingue se dieron cuenta que el piche ahora era más pesado y robusto, así que se acostumbraron al nuevo y mejorado piche. Por la tarde, los zorros volvieron, los dos animales se escondieron, pero el piche se refugió escondiendo su cabeza, la cola y patas dentro de su caparazón. Los zorros no pudieron comerse al piche y se fueron enojados, la liebre y el chingue se asombraron mucho al ver la valentía del piche al esconderse en su caparazón y no cavar un hoyo en la tierra, pero no sabían que, en realidad, el piche estaba muy asustado. Pasaron semanas sin ver a los zorros hasta que volvieron con un plan. Después de todo, los zorros son astutos. El chingue y la liebre cavaron, y el piche se escondió dentro de su caparazón y ahí fue cuando los zorros en vez de arañar su caparazón, dieron vuelta al animal que quedó indefenso ante cualquier ataque. El piche se puso a llorar al ver lo sucedido, la liebre y el chingue ayudaron al piche ahuyentando a los zorros y el piche agradecido, abrazó a los dos animales. 

 
 
armadillo dibujo
 
Villa Tehuelches escuela
 
 
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El cultivo de papas / Tatiana Ojeda, 10 años. Calen

En un pueblo llamado Calen Alto, vivía una mujer llamada María Eliana, ella trabajaba mucho, pero a veces no le funcionaba; su esfuerzo era en vano. Su marido le ayudaba en la siembra de las papas nativas, tales como la: Michuñe rojo, yagana, pinpinela, cabrita, Desiré, entre otras. Su esfuerzo era en vano porque una empresa llamada Tika, no le recibía algunas papas que ella sembraba con su pequeña familia.

 Un día, la mujer estaba tan cansada de trabajar con su huerta que la fueron a visitar a su casa y le propusieron que postulara a un proyecto para obtener un moto cultivador para facilitar su trabajo.


¿cómo se formó Añihué? / Dayana Carrasco, 10 años. Añihué

Cierta vez, en una isla que era muy hermosa, con mucha naturaleza y privacidad, habitaban grupos de muchas aves. Las más populares eran las azules y las moradas. Se preguntarán por qué. Es porque eran brujos y peleaban para ser gobernadores de la isla.

El mayor de los brujos de aves azules era azul, rudo, fuerte, enojón y no le gustaba pelear. En cambio, el cambio mayor de las aves moradas, era amistoso, hermoso y morado. Tampoco quería pelear.Pero ninguno de estos grupos de aves sabía que sus rivales eran los brujos. Finalmente, ganó el azul.

Luego, se acercó un Williche, persona de un pueblo originario Chilote, y le preguntó: ¿cómo se llama la isla? Aves azules – contestó el brujo. ¿puedo cambiarle el nombre? – preguntó el Williche. Si – contestó el azul, -pero con una condición. ¿cuál? El significado de esta debe ser aves azules. ¿puede ser Añihue? ¡Añihue! Genial, ¿cómo no lo pensé antes?

Con el paso del tiempo, fue llegando gente al lugar y fueron felices en Añihue. Pero lo que nadie sabía era que el brujo azul había hecho un hechizo que fue distraer al brujo morado con un ave que no volaba, era hermosa de ojos verdes, plumas rojas y cuello amarillo.

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EL cultivo de choros / Miguel Bahamonde, 11 años. Calen

Un día lunes de agosto, en la escuela rural Calen, cuando no estábamos formando habló el director de la escuela, nos contó que venían dos mujeres de Valdivia en bicicleta, ellas venían Pedaleando un cuento. En la tarde les mostramos nuestro pueblo, les fuimos a mostrar la rampla y cuando llegamos al fin de la rampla, la tía Javiera nos preguntó: ¿qué es eso naranjo y amarillo? Miguel respondió –eso es el cultivo de choros.¿cómo se siembran esos choros? - preguntó Javiera

Fue así como Miguel comenzó a contarle:

Primero Mandan a buscar las boyas en camiones grandes desde la cordillera, se demoran tres días en llegar a Calen. Al llegar unen las boyas con sogas y les amarran pitas. Cuando están atadas, las llevan al mar con barcos. Después ponen semillas de choritos en las pitas y sujetan las boyas, amarran un cabo con los muertos, que son estructuras de concreto, para que no se las lleve la marea. Los choros se demoran un año y medio en crecer y ahí se pueden cosechar los choros. Los choros se sacan con las máquinas que están encima de unas balsas.


Un buen Chileno / Matías Barrientos, 9 años. Calen

Había una vez un niño llamado Matías que le gustaba ir donde sus vecinos, era muy cariñoso y muy revoltoso, le gustaba jugar con su bici. Le ayudaba a su mamá para que ella no se cansara porque a Matías le gustaba ayudar. 

Un día tuvo que irse a la universidad porque ya había terminado su cuarto medio y su título era ser futbolista o mecánico. Pasaron meses y años y por fin pudo trabajar como un buen chileno de este hermoso mundo.

Después visitaba a su mamá y a su papá que trabajaban en sus campos y tierras. Años más tarde nació una hermana y el joven estaba muy feliz porque le había caído un tremendo regalo del cielo que era su hermana. Era muy amorosa y Matías la cuidaba, la hacía dormir y algunas veces se quedaban dormidos los dos y después creció y creció, la hermana era como un palo de eucaliptus, bien grande como su hermano Matías. 

Así fueron creciendo y siempre estuvieron juntos, en las buenas y en las malas. A los padres les gustaba jugar con ellos, correr, caminar, alimentarse, ayudarse, quererse y trabajar apoyándose, aunque estuviesen enojados. 

El hermano ya se estaba ganando sus pesitos que le daban en el trabajo y fueron muy felices.

Enseñanza: siempre es bueno ser alguien en la vida, con pasar tu cuarto medio y pasarlo bien con tu familia.

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Mi caleta/ Bayron Guaquel, 13 años. Inío

Yo, Bayron vivo con mi abuela y mi mamá en Caleta Inio. Es muy difícil salir a la ciudad más cercana llamada Quellón. Para ir a Quellón, nos vamos en una lancha de transporte que se demora 5 hrs., pero cuando está malo no podemos salir. A veces, cuando el tiempo está malo y viene la ronda de salud, nos vamos con ellos y cuando hay una urgencia y la mar está mala, los paramédicos llaman a los marinos y ellos vienen con su helicóptero. Me gustaría que hubiera carretera de Inio a Quellón. 


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Una tarde bonita en la iglesia/ Ashley Henriques, 7 años. Melinka

Hoy es viernes y con mi mamá Carisma nos estamos preparando para ir a la iglesia. Yo eligo mi ropa más bonita, mis zapatillas verde limón que son nuevas, unos pantalones abrigados y mi chaleco morado que me tejió mi mamá porque el encuentro comienza a las 6 y termina a las 12 de la noche. Me tengo que apurar porque mi mamá ya tiene lista la once y el agua caliente pero no tanto para que no nos quememos para el mate. El pan amasado está saliendo del horno, yo voy a poner las tazas en la mesa, los platos y el manjar, la mortadela y las cucharas, cuchillos y tenedores. Yo y mis hermanos y mi mamá nos sentamos en la mesa y mi papá no está porque está en la salmonera trabajando. 


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El ayudante de las personas/ Damián Carimoney, 8 años. Melinka

Esta historia se trata de los amigos y la familia. Todo el mundo es mi familia y no dejaré a nadie atrás porque todo el mundo me importa. Yo soy Damián y donde yo vivo había un hombre que estaba enfermo. Esto es en Repollal alto, un lugar en la isla de Melinka donde hay una gran playa que tiene una roca gigante donde yo me tiro piqueros. Yo tengo dos hermanos pequeños y son muy inteligentes porque los convertí con mi máquina radiadora. Un día, fui a ver al señor que estaba sufriendo por una enfermedad que se llamaba conjuntivitis. Mi amigo Jesús, yo y unas personas quisimos ayudarlo. Entre todos llevamos la máquina a su casa y lo curamos con su potencia de hierbas. El señor salió de su casa y fue a buscar a su familia a quienes encontró en Melinka. 


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El pirata Ñancupil/ Diego Oliva, 11 años. Melinka

Había una vez un pirata que quería ser el mejor pirata que haya existido. Quería que todos recordaran su nombre que era Ñancupil. En los años que el estaba vivo, que fue hace mucho tiempo atrás, él atacaba a los demás barcos, les robaba todo su dinero y se llevaba al mejor pirata de ese barco. Después de muchos meses, el pirata recolectó todo el oro que necesitaba; los piratas rogaban para poder irse de ese barco ya que el pirata había contratado a una bruja para que los mantuviera en el barco. El pirata decidió esconder su oro en un cerro en el Archipiélago de Melinka, la bruja le pidió que le pagara pero el pirata no quizo así que la bruja ocultó el tesoro y solo las personas buenas lo encontrarían, pero si lo cuentan, desaparecería. 


 

El mejor asado patagón de mi vida/ Ricardo Reyes, 10 años. Villa Amengual

Un nublado día en Amengual, nos fuimos a la casa del campo, allá tenemos muchos animales; caballos, ovejas, gallinas, perros y gatos. Mi papá con sus hermanos fueron a buscar a una vaca en caballo, yo fui con mi tío Andrés, él iba vestido con una boina roja, con su camisa azul, su chaqueta de gaucho, pierneras de chivo y sus botas. Todos mis tíos y mi papá llevaban la misma vestimenta. Yo en cambio, llevaba un sombrero de huaso y pierneras de chivo. Después de campear una hora, encontramos a la vaca, mi papá enlazó a la vaca y la agarró del cuello y entre todos la llevamos al corral.

Durante un día estuvo la vaca agarrada para que se tranquilizase y luego mi tío le maneo de las patas, agarró el cuchillo y la degolló, juntamos la sangre para hacer una gelatina llamada ñache que guardamos para comer con el asado. Todos mis tíos pelaron a la vaca, le sacaron los intestinos y la dejaron colgando un día. Al día siguiente, agarramos el palo de los asados y ensartamos a la vaca entera. Encendimos el fuego con carbón y leña y enterramos el palo dejando la vaca parada al lado del fuego. Después le echaron salmuera, una especie de sal líquida. 

Mi papá miró el asado durante una hora y cuando estuvo listo, disfrutamos del asado comiendo todas sus partes, la paleta, la costilla, el corazón, los riñones y la guata. Guardamos la cabeza para cocinarla al horno, pero sin los ojos porque no nos gustan. En la mesa ponemos la lechuga, el pan y las papas para acompañar el asado. Yo me como la lengua junto con el ñache a cucharadas. Por la tarde, salgo a elevar mi volantín.

 
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En el río/ Yuyunis Almonacid, 15 años. Villa Amengual

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Hoy fui al río con mi mami, salimos en la mañana rumbo a la Tobiana, llevamos hartas cosas para comer y también llevamos una tetera y el mate. Cuando llegamos, le propuse a mi mamá que hiciéramos una competencia y mi mamá respondió: ya, la que atrape más salmones gana y la perdedora prepara el mate. Empezamos a competir, mi mami y yo nos separamos, yo bajé por unos gaviones y me puse a pescar y después de varios intentos por fin saqué uno. Lo saqué del agua, lo tiré con fuerza sobre los gaviones, subí lo más rápido que pude y cuando llegué junto a él, le saqué el terrible y lo maté. Cuando ya estaba muerto, lo dejé colgando y seguí pescando, luego mi mamá volvió y me preguntó cómo me había ido, yo respondí que bien y le mostré dos pescados colgando. Ella abrió su mochila y vi que tenía cuatro peces. Después de guardar los pescados, mi mamá se fue más abajo, yo ya me había aburrido y se me ocurrió la genial idea de cruzar el rio con un carrito que había al lado del rio. Después de ir y volver, me lastimé el dedo de mi mano izquierda. Cuando bajé del carrito, le grité con voz calmada a mi mamá: ¿dónde estás? Y a lo lejos me respondió: ¡ya subo hija!. Al llegar mi mamá vio que mi dedo sangraba mucho y me preguntó si me dolía, yo le respondí que no. Ella me puso un guante mojado para que mi herida se refrescara y seguimos pescando. Llegamos a un lugar en el que mi mamá sacó su quinto pescado, en ese momento cuando lo estaba sacando, el pescado se soltó y cuando iba bajando, mi mamá se le ocurrió patearlo y cuando cayó en el agua, yo lo apreté contra el suelo con mis dos manos. Mi mamá pasó a pisarme el dedo herido y me dolió mucho, pero me reí ya que la situación me pareció graciosa. Con el paso del día, llegamos donde Montecinos y después nos fuimos para la casa con mi papá que nos fue a buscar. 


Fiesta Costumbrista/ Jordana Cortés, 15 años. Villa Amengual

Había una vez en un pueblo llamado Villa Amengual donde se celebraba la fiesta costumbrista por el aniversario de la localidad, se hacen jineteadas, actividades como jugar al truco, eso se juega de cuatro personas; también se juega a la taba que consiste en el lanzamiento de unos huesos a modo de dados. Para la jineteada se lleva mate, sopaipillas, empanadas, anticuchos y asado patagón. Un día llegaron unos turistas que no conocían nada de la cultura de villa Amengual y unos gauchos les preguntaron si querían conocer las tradiciones y ellos dijeron que sí querían  conocer. Los patagones les empezaron a contar sobre las jineteadas -La jineteada gaucha es una actividad ecuestre característica y tradicional de Argentina, Paraguay, Uruguay, de la Patagonia Chilena y sur de Brasil que integra la cultura folclórica con estirpe de gaucho de estos países, en particular la cultura gauchesca. A los caballos de las jineteadas se les coloca como una especie de pequeña montura que consiste en un cuero de oveja sostenido con una cincha por detrás de las patas delanteras del animal. Así los turistas se fueron felices para siempre, agradecidos con las personas amables y muy felices que habían conocido en la fiesta costumbrista de Amengual.

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Un día en el campo. Río Tranquilo

co-creación hecha entre Pedaleando un cuento y niñas y niños de 4ª a 6ª básico.

Todo comenzó cuando mi papá nos sentó a la mesa, allí estábamos mi mamá, mi hermana y yo. – nos vamos a vivir a Puerto Tranquilo –dijo mi papá sin preámbulos. Hace algunos años habíamos ido allá de vacaciones, recuerdo haberme entretenido dibujando a unos hombres que iban a caballo, mi papá dijo que se llamaban gauchos. Ellos vestían con boinas en la cabeza, un cinturón recubierto de monedas argentinas que me dijeron que se llaman rastras y dos cuchillos bien afilados, uno chico llamado verijero, que se pone por delante y uno más grande llamado fajero que llevan en la espalda; ambos en sus fundas de cuero. 

Tuvimos que embalar todas nuestras cosas y nos tardamos más de dos días en pisar la orilla del lago Chelenko. A pocos días, entré a la Escuela Gabriela Mistral donde conocí a mis mejores amigos. Todos los fines de semana, ellos me invitaban a sus campos, acá los adultos toman mate amargo, pero como a nosotros no nos gusta, sacamos un pomelo del refrigerador, el azúcar de la cocina y nos vamos a tomar mate dulce al río.

Hubo un fin de semana que nunca me voy a olvidar, el Jano nos invitó a su campo, a mí y a mi hermana. En la mañana, ayudamos a su abuela en el huerto plantando semillas de lechuga y cilantro, almorzamos tempranito una cazuela de gallina y el abuelo nos invitó a pialar. Yo no sabía bien qué era eso, pero como en el campo no se dice que no, allá nos fuimos. Varios hombres se subieron a sus caballos camino al rancho, arrearon a los terneros a la manga. Un hombre soltaba un ternero, no tenían más de un año, dos hombres rápidos y fuertes lacearon al animal; uno se fue a la cabeza y el otro a los pies. En cuanto lo agarraban, varios hombres se tiraban encima. Yo estaba mirando con la boca abierta. En ese momento, el último hombre libre, tomaba una pinza castradora y lo capaba. Después de varias horas, todos nos fuimos a celebrar, el papá del Jano carneó un cordero, hizo un fuego ni muy fuerte ni muy bajo, ensartó al cordero en el asador y lo enterró parado al lado del fuego. Le echó salmuera y cuando estuvo cocido por un lado lo dio vuelta. Todos comimos el asado y por la noche los adultos jugaron truco mientras nosotros aprovechábamos la oscuridad para jugar a las escondidas.


Cordon Montañoso

Injusticias/ Belén Sepúlveda, 10 años. Cochrane

La historia que voy a escribir sucedió en el campo de mi abuelo Juan y aunque esto sucede todos los años, igual se las quiero comentar porque es muy malo que suceda porque a mi abuelo el puma, el zorro y muchos animales más le están comiendo sus gallinas, sus vacas y sus ovejas. Justo ahora no tiene ni una sola gallina, la mitad de sus ovejas y las vacas y vaquillas que él cuida se comieron la mitad. Por eso mi abuelo decidió poner trampas para saber qué animales eran, pero aún no los descubre... lo que si sabe es que perdió mucho tiempo en cuidar esos animales para que vengan otros y se los coman. Es injusto porque esto pasa en otros campos de otras personas. Esto sucede en el cruce a Colonia cerca de la balsa Baker, también en las cañitas en el campo de mi abuela Mónica y en demasiados campos más. 


Lago Cochrane

Días a caballo/ David Delgado, 11 años. Nieto de Heraldo Rial, último colono patagón. Cochrane

Un día mi abuelo iba a caballo y se enredó con los pilcheros; él pasó todo un invierno con los dedos quebrados. Él carneaba un animal solo, nadie lo iba a visitar porque quedaba muy lejos para las otras personas. A él le gustaba mucho la soledad, a él le gustaban los animales como las vacas, los caballos, sus perros y los caballos eran su vida; los quería mucho. Él les decía a sus hijas que, si el moría y no lo pillaban por el campo, que lo dejaran si al final igual iba a estar en la tierra. Yo, mi mamá y mi tía íbamos todos los veranos; nos demorábamos como una semana en llegar a caballo. Un verano íbamos con mi mamá y mi tía con tres pilcheros cargados de víveres y de ropa. Un pilchero (el caballo) se nos cayó de una barda, un acantilado. Se le salió el cuero en las rodillas. También se cayó una yegua, estuvo aturdida como 10 minutos y después despertó. Para que despierte, la tirábamos con el caballo que llevaba yo. Le pusimos el bozal y el cabestro y la atamos a la cincha y la tiramos. Allí despertó. Y pudimos llegar a casa de mi abuelo.


Arrieros y domadores/ Agustín Fuentes, 12 años. Cochrane

Mi papá un día andaba arreando toros y el toro era muy malo y se colocó detrás de los árboles. Cuando los toros se colocan detrás de los árboles son muy malos. El toro los atropelló y corneó al caballo de mi papá y lo mató.  Así que mi papá tuvo que comprar un nuevo caballo para poder seguir arreando animales.Detrás de un Ñirre, eso queda del manzano para dentro, hay una pasada y una pasarela a mano izquierda donde vive un señor llamado Ricardo Reyes Ponce de León. Él amansa caballos, primero los palenquea (amarra a un palo), los traba un día entero y al otro día lo encilla (le pone la montura), lo monta y cuando el caballo es de andar lo saca al campo. Mi papá le compró a Ricardo Reyes su nuevo caballo.

Nicasio Luna

Entre pesca y trampas/ Daniel Sepúlveda, 11 años. Cochrane

Balseo Baker

Un día yo y mi padrastro íbamos a caballo a pescar a río. De repente a medio camino pillamos tres zorros muertos. Yo le pregunté: quien los había matado y él me dijo que los había matado el dueño del campo que a lo mejor los encontró atrapados en el huache (trampa) y ahí mismo los mataron con el rifle o con el cuchillo y que después los colgaron. En el campo cuelgan a los zorros y al león para espantar a otros con el olor. Después de eso seguimos por el camino hasta llegar a un río, nos bajamos de los caballos y comenzamos a pescar, pudimos pescar un pescado, era de tamaño mediano. Y ahí en la orilla del río hicimos una fogata y ahí mismo lo cocinamos. 


Blanquita/ José Soto y Benjamín Vásquez, 11 años. Cochrane

Escualos Cochrane

La señora blanquita es una señora media loquita que andaba recogiendo los cocos de los pinos de la plaza. Recoge basura y la tira al río. Se pone a hacer sus necesidades en cualquier parte. Recoge la basura de la calle y la tira. Una vez, nos estábamos bañando en el río cuando ella fue tirar la basura. Yo cuidaría más el río Cochrane, nos tiramos en kayak en Escualos (escuela gratuita de kayak). No nos da frío porque nos ponemos un traje seco y un faldón. Un salvavidas y un casco. Un silbato por si te caes al agua y te van a rescatar los otros. 


Como fue llegar a Cochrane/ Renata Huerta, 11 años. Cochrane

Morilla

Toda mi vida viví en los Andes hasta que por el trabajo de mi papá me tuve que mudar a Cochrane. Acá usaban palabras muy raras y hablaban cantaito, yo les decía: hola chiquillas y lo encontraban raro. Yo encontraba raro que dijeran: hola chicas o los juegos; a la pinta acá le dicen tiña. Con el tiempo pude aprender un poco más de aquí, hice amigos y aprendí las palabras y cada día aprendo algo nuevo. 

Un día fuimos con mi familia a buscar la famosa “morilla” (morchella) ansiosos subimos a un cerro y recorrimos todo. No encontramos nada y un poco decepcionados nos fuimos a otro lugar, entonces me bajé del auto rápidamente y nos metimos en un bosquecito. Pisé algo raro y miré: ¡era una morilla! Estaba tan emocionada, al lado de ella había otra y otra. I familia y yo estábamos tan felices, eran tan grandes y raras. Al final del día, llenamos una bolsa grandísima y la dejamos secar bajo mi estufa. 

Toda mi vida viví en los Andes hasta que por el trabajo de mi papá me tuve que mudar a Cochrane. Acá usaban palabras muy raras y hablaban cantaito, yo les decía: hola chiquillas y lo encontraban raro. Yo encontraba raro que dijeran: hola chicas o los juegos; a la pinta acá le dicen tiña. Con el tiempo pude aprender un poco más de aquí, hice amigos y aprendí las palabras y cada día aprendo algo nuevo. 

Un día fuimos con mi familia a buscar la famosa “morilla” (morchella) ansiosos subimos a un cerro y recorrimos todo. No encontramos nada y un poco decepcionados nos fuimos a otro lugar, entonces me bajé del auto rápidamente y nos metimos en un bosquecito. Pisé algo raro y miré: ¡era una morilla! Estaba tan emocionada, al lado de ella había otra y otra. I familia y yo estábamos tan felices, eran tan grandes y raras. Al final del día, llenamos una bolsa grandísima y la dejamos secar bajo mi estufa. 


El viaje de Gaspar/ María paz, 11 años. Tortel

Había una vez un niño llamado Gaspar que vivía en España y sus padres hablaban muchos idiomas y por eso los mandaban a todas partes del mundo. Sus padres se llamaban Paola y Alfonso. Un día, los mandaron al centro de Chile, a un pueblo llamado Toltén, pero se equivocaron y llegaron a la Patagonia a un pueblo llamado Tortel. Ahí, compraron una casita, por allá por el monte y Gaspar entró a la escuela comandante Luis Bravo Bravo, al curso 5to básico. Ahí había solo una niña y 8 hombres, ella no era muy bonita pero qué le vamos a hacer. Hice muchos amigos -le decía a sus padres. El aire acá es natural, me gusta mucho. Un día, sus padres tuvieron que viajar a España, pero Gaspar empezó a quejarse porque le dolían sus pies en el cemento. Ya se había acostumbrado a las pasarelas que eran más blanditas y además el aire en Tortel era más limpio; tenía olor a naturaleza; muy diferente a España. Así fue como se tuvieron que devolver a Tortel porque Gaspar se quejaba mucho. Al final, los padres y Gaspar se quedaron en Tortel para siempre. 

Títere Tortel

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El padre Ronchi/ Fabián Morales, 11 años. Tortel

Un día por la tarde yo estaba tomando mate con mi mamá y ella me contó una historia del padre Ronchi. Me dijo que una vez estaba jugando rayuela y llegó a tomar mate con su papá. Su papá le dijo que no entre a la casa y que se quede jugando afuera. Pero ella entró igual sin permiso y su papá la retó y el padre Antonio le dijo: ¡no se enoje! Llamó a mi mamá y le dijo que se acercara para darle un juguete. De una bolsa gigante sacó un juguete y le dio a ella y sus tres hermanas. Después le dieron juguetes y jugaron un buen rato rayuela y después el padre se fue al siguiente día; se fue a despedir a la casa porque iba para Cochrane en caballo. El padre Antonio Ronchi era solidario, él todos los días llevaba una bolsa muy grande y pasaba por todas las casas a dejarle monitos de madera talladas a los niños, acá a los niños de Tortel les hizo una escuela para que los niños se eduquen. Cuando el padre llegó la 1era vez intentó aprender a jugar rayuela y su juego preferido era la taba. La taba es el juego más típico de Tortel, en la taba se apuesta. Se juega con un hueso se vaca que viene de la parte del tobillo del animal. 


Mi tata José/ Rubén, 10 años. Tortel

Había una vez un niño llamado José que le gustaba vivir en el campo, iba con su mamá y sus hermanos. José creció y hoy hace postes de ciprés, rollizos, vasas y botes. Lo que más le gusta a José es hacer botes, él busca un ciprés verde para hacer rodas. La roda es una tabla curva que va adelante, luego le ponen unas vigas para que se quede quieto y les de forma. Finalmente van poniendo las tablas de vavor y estribor. Cuando yo era chico quería ayudar a mi tata  José pero me martillaba los dedos. Mi tata se tarda una semana en hacer un bote chico y uno grande 30 días.  Él trabaja solo y yo lo ayudo a estopar. Estopar es sellar los hoyos para que no se hunda el bote. También me gusta ayudarle a construir casas y puentes. A veces mi tata José me da 30 lucas para pagarme por el trabajo.  

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