Salto del Chacao

  ¿cuál es mi relación con los cuentos?

            En seguimiento hacia Añihue, una vertiginosa mañana literalmente congelada, entre los altos montes y curvilíneas calles de Quemchi, nos colamos a la camioneta que nos lleva hacia Quicaví para alcanzar a llegar y cruzar en la lancha municipal con profesores de las distintas islas de la comuna de Quemchi. Nos vamos a Añihue a la Escuela “Archipiélago” de la cual está a cargo la maestra Perseverancia Cárcamo, mujer que sin dudar dice: ya vengan nomás, acá nos arreglamos.

Ahondando en reciprocidad

Atestiguar por el servicio recíproco

Que valga la redundancia

Exclamar que así nos gusta

Agradecemos la apertura en cada instancia

Compartir nuestra intimidad y conocernos

Nosotras viajamos en bicicleta haciendo talleres de creación de cuentos en escuelas rurales, ¿y usted?

Yo he trabajado con los animales aquí toda la vida, cada amanecer estoy dando forraje a mis vaquitas que en este tiempo están pariendo terneritos, así que ando rondando cerca. Ya parieron 4 y dos están por parir, una parió en la noche a deshora y el ternerito nació muerto. 

 Participar de una sociedad colaborativa por voluntad propia

- ¿innata?

Nos recibes con los brazos abiertos

- ¿por qué? Porque somos dos viajeras en bicicleta es lo que se repite - ¡¿y van en bicicleta!?

Será que obra de entrega absoluta

A la intuición más remota

Disfrazada de sincronía y casualidad

En reciprocidad de la buena acogida en alimentación y alojamiento

Compartimos historias, juegos, canciones y caminatas con niñas y niños de localidades rurales.

            Cruzamos el canal y hubo un giro en el viaje, por acá esta forma es parte del lenguaje común y silvestre. Volver a las prácticas colaborativas para estas dos citadinas es novedad, pero acá es el quehacer; sin papeles. Hay tanta imagen bella grabada en la retina de esta última semana. Una va pasando, entonces es ineludible llevar consigo la cualidad pasajera, llegando vengo, yendo voy. Al igual que las dos hijas de los padres que nos aguachan en nuestro paso por Añihue (no lleva tilde por ser palabra Williche que significa lugar de aves azules, pero se pronuncia con acento en la e).

    Así encontramos nuestra familia en esta recóndita isla de varios canales que entran sin salida, de unos 170 habitantes, entre ellos, 10 niños de la escuela que se aloja entre montes de rica tierra de huertos e invernaderos, ovejas y vacas, lagunas y juncos, de mar y colores. 

    Sentimos tanta inspiración después de tal nivel de bendición. Con un dejo de tristeza damos vuelta atrás la mirada hacia el hogar que hoy decimos: ¡hasta que nos volvamos a ver! Esto último está pasando ya más de una vez, pareciera que dando la vuelta empezaremos otra vez y así nos encontraremos con todos y todas que alimentan este hacer.

    En las tierras del encanto del caracol, todo sana a su debido tiempo de serenidad y escucha. Hemos observado en estas islas y en lugares rurales donde el acceso a las pantallas es reducido, los niños y niñas se vivencian calmos, despiertos y presentes ya que son sus múltiples músculos los que se están ejercitando, no juegan a golpearse. Esto no solo queda en lo físico pues lo físico digiere al alma; y el alma de estos niños y niñas esta nutrido. En relación a esto, hay una gran diferencia con los niños y niñas con exceso al acceso tecnológico a los que tristemente observamos hiperventilados mientras solo se mueve el músculo del ojo, los cuerpos quedan quietos y muestran sus secuelas. 

pedaleando un cuento cicloviaje