Espíritu del Puma

Este es Panguipulli, ya es ciudad. Aunque en recuerdos y vivencias de otros aquí se resisten al pueblo. Una vez que nos despedimos con un buen café con el profe Paulo de la Escuela Lago Azul Puerto Fuy. Comienza el andar, no hay como la bicicleta como para vivenciar lo que está ocurriendo en la época. La nieve está comenzando a bajar, cubriendo por completo al volcán, el frío es de invierno y cala hasta el hueso. El viento al bajar entumece los músculos y es muy rico subir y bajar junto al gran Lago Panguipulli para mantener ese calorcito que ya hemos podido guardar. Es una mañana hermosa, el tibio sol nos calienta tímidamente pasado el mediodía y vaya cómo reconforta. Llegando a la cima de la cuesta sabemos que viene bajada a la ciudad y curvas delinean esta fugacidad. Esta vez nos encontramos en la hospedería de la casona cultural realizando el taller con un grupo de diversos contextos y edades entre los 2 a los 18 años del “bosque escuela”, una educación en valores como dice Benja- uno de ellos. Cada uno y una con su propio vuelo y a veces nos encontramos y coincidimos con nuestras frecuencias de vuelo. Estas aves son un enigma a descifrar. Cada uno cumple su labor sin saberlo, como venciendo al miedo a lo nuevo y bajar los brazos; entonces conocerte en esa nueva faceta de ti que no sabías serte. Es un grupo recién en conformación que lleva pocos meses en acción, su profesora Katy les acoge en el refugio que sus nombres gritan sanarles. Es un bosque de renovales, tal para cual, aquí se encuentran de par en par, para gritar y llorar, sonreír y acallar; solo el bosque sabe qué más irá a guardar, pero cierto es que nada de esto es casual. Muchos venimos de la vertiginosidad y tarde o temprano, después de deambular alrededor del kuyam, sabremos observar que el agua pura y la piedra preciosa necesitan el amancay que se refleja sobre sus tiernos pies. 

pedaleando un cuento cicloviaje