Entretejiéndonos

  Una oscura mañana despertamos con las estrellas. Una negra, densa nube se mantiene sobre nuestro destino. Las estrellas tintineando nos van guiando por el buen camino hacia Dalcahue. Aún en la oscuridad nos encontramos con nuestro buen amigo Luis y su madre, dos ángeles que nos sorprenden. Ellos cuidan de nuestras pertenencias durante el fin de semana mientras nosotras estamos paseando y compartiendo con nuestras familias. Como caído del cielo, cuando bajábamos de la barcaza desde Curaco de Vélez hacia Dalcahue, aparece Luis un ciclista que andaba entrenando nos saluda y dice: dejen sus cosas en mi casa, está en el centro; síganme. De un momento a otro, estábamos en una pieza dejando todo y yéndonos. A la vuelta, después de una semana, la madre nos recibe con huevos, pan y café para nuestro desayuno. Sorprendida de nuestra hazaña que describe como un sacrificio. Dos personas muy curiosas que alientan espiritualmente este viaje ya que revoluciona, despedaza, desmantela las construcciones culturales aprendidas sobre miedo y desconfianza. Este encuentro se nos hace vital en la etapa que nos encontramos. El último mes de invierno, pasando los 3 meses de viaje que traen consigo llaves por abrir. Tiempos de enfrentamientos, disociación, el vuelo sobre la tierra nos llega y por algunos momentos quedamos impávidas con la intuición cegada pero no es momento de tomar decisiones, no bajo una gran tempestad. Es tiempo de hacer revolución y esto se hace solo cuando es estrictamente necesario y empieza aquí dentro de nosotros. ¿quién? Yo ¿cuándo? En este momento ¿dónde? Aquí ¿por qué? Por amor. 

Carancas, quetros, selva siempre verde, faro, cavernas, chonos, laguna de tréboles, cráneos, aletas de ballenas, cuero de lobo marino, ¿piratas?, buzo del erizo, huepos, manta roja (alga), ilustradora, dibujos, entretejidos, ovejas, aves, tepús, lumas, arrayanes, calafates, tierra de todos y de nadie, vidas ancestrales, somos todos nómades sensibles al apio silvestre y al rojizo liquen pegado a la roca. 

Es un sitio revelador, de alto valor natural, desde las antiguas eras los nómades pasaban por aquí; las familias refugiadas en sus 4 o más cavernas, cubiertas de frondoso follaje que propiciaba agua dulce, las rocas del mar para sacar locos, erizos y almejas. Luego retomar viaje y salir a navegar ¿a dónde van? 

Estamos atravesando el umbral

Tan sobrecogedor

tan insurgente

tan sorprendente

que ya trato de prepararme ¿qué vendrá mañana?

La cultura chilena empieza a develar uno de sus velos. Se acuerdan de esa instintiva necesidad de sacar el máximo provecho a esta situación, y/o persona. Todas y todos si somos capaces de apreciar, nos vemos inmiscuidos en esto más de una vez. Este hábito en consiguiente nos lleva a temer que “el otro nos meta el gol” y nos defendemos constantemente, siempre alerta porque “los chilotes ya no somos weones”. Así suma y sigue cayendo la bola de nieve. Es la veracidad de la palabra enfrentada al papel; “Aquí todavía es la palabra la que vale” porque ellas crean nuestros pensamientos y nuestra realidad y si no, entonces vivo en la mentira del papel, en el capricho de mi firma y mi cartel.  

Una vocecita canta: vamos, confía, ¡déjate ayudar! Algo bueno encontrarás- Así con “El Chavo” de Quellón, puerto de curaguillas donde poco se ve confiable, salvo algunas sonrisas que me miran; allí estaba el Chavo. En todo lugar siempre habrá más que uno resistiendo – más bien viviendo en un mundo de esperanza y alegría incluso siendo testigo de las adversidades naturales y artificiales del planeta en un acotado pueblo del mundo. A veces es difícil mantener la alegría verdadera cuando se presenta tanta irreverencia –si, mejor reír que llorar- conviene el lema. 

Este viaje nos pone en alerta, como si fuéramos a quedar bajo el barro de cualquier manera. Entonces la entrega frente a la muerte deja el corazón que se escapa del pecho. Aceptamos que vamos de pasada, no sin preguntarnos qué impacto hemos generado. Gracias a los juegos todas y todos nos hallamos en el presente –como si solo esta ronda existiera- y allí nuestras risas comienzan a contagiar un alma vívida y fugaz. Algo que viaja con nosotras y sale de nuestras alforjas, se esconde entre los cuentos y banderines, entre nuestras oraciones venideras; es eso que lleva a las tiernas primeras mariposas de primavera a volar entre nubes que acechan a llover y otras que abren paso al sol. Bailan a nuestro alrededor y se posan sobre mí para que vea que no es solo blanca como lejos la vi, sino que tiene raíces negras entrelazadas que coloran naranjas encapsuladas. Si lo vemos así –hemos estado siempre conectados- como dice la voz que sale de mí. 

Que lo que salga de ti sea tan honesta y sencilla, aunque cale hondo, es lo que el corazón de nuestra tierra necesita –más claro echándole agua-. Si hay algo dentro de ti escondido siempre se presenta la oportunidad de echarlo afuera, es tu corazón el que retumba y junto con la espalda, todo alivia. Hay que mantenerse cada quien en sus quehaceres que la mente inunde tus placeres cuando estás durmiente; dale actívate y deja que tu luz ardiente prenda, miedo habrá siempre, aquiétalos que no te inmovilice el sueño que nace intuitivamente dentro de ti, tan ingenuo como cuando eras niño. Tan real como lo vivimos ahora. Es la ¡fe! Ella abre las montañas para que lo hagas, pone desafíos para que los cruces y te regala cada instante de disfrute que ya no puedes quejarte como antes. Hay una señora que te recibe con sus lechugas y cilantro de la huerta. Juntos compartimos el almuerzo y ella dice “tienen que aprovechar que son jóvenes –hubiese querido hacerlo si hubiese tenido la oportunidad- ¡voy por mi, por tí y mis compañeras!

pedaleando un cuento cicloviaje